 |
La Mujer |
Allí estábamos nosotros, en las márgenes del río, en la oscuridad de la noche, bajo una luna llena: un círculo externo de mujeres y un círculo central de jóvenes muchachas, celebrando el pasaje de mi hija a su condición de mujer. Como llegamos hasta aquí es toda una historia, no de geografía sino de espacio íntimo. Cambios en la percepción… No es una zambullida en un precipicio, sino pequeños pasos, uno de cada vez, semillas que parecen haber sido esparcidas al viento pero que de alguna forma criaron raíces.
La primera vez que oí hablar de una ceremonia de menarca fue hace cinco años por intermedio de Mary y de Everett Gendler, en la primera Conferencia de Chavurot. La idea me agradó, pero también me dejó ligeramente incómoda. El proceso inconsciente había comenzado…
En los años siguientes las semillas adormecidas recibieron alimento por el modo como me sentía en relación a mi propio cuerpo y en como lo celebraba. Hace más o menos un año, en una de las reuniones semanales de mi grupo de mujeres, hablamos de libros que nos dieron informaciones como mujeres y como feministas. Otra semilla…
Entonces, en la Conferencia de Mujeres Judías de la Costa Este, en octubre de 1983, fui a una sesión dirigida por varios miembros del Grupo Feminista de Liturgia Judía de Filadelfia. Ellas colocaron una cuestión que estimuló mi imaginación: ¿si nosotras, mujeres, frecuentemente nos sentimos fuera de la tradición, si generalmente luchamos para encontrar significado en ceremonias que son orientadas para el hombre, o que son irrelevantes para nuestras vidas modernas, qué momentos significativos de nuestra vida exigirían reconocimiento, apoyo y conmemoración por parte de la comunidad?
Mi respuesta era clara. Las vagas semillas de cinco años atrás habían entonces criado raíces firmes Aunque muchos otros momentos de mi vida me viniesen a la mente, lo que primó, teniendo como paño de fondo pensamientos sobre mi hija de 12 años que maduraba rápidamente, fue el comienzo de la menstruación. Comencé a conversar sobre esa idea con ella, con amigos- tanto mujeres cuanto hombres- y aunque supiera que existían algunas ceremonias que habían sido celebradas y escritas, no quise saber nada sobre ellas.
Mis propias imágenes aparecían rápido - luna llena, agua, libros…Ideas comenzaban a florecer. ¿Cuando sucedería este momento que cambia la vida? Tuve miedo de que sucediera en el medio del invierno o cuando mi hija estuviera en el campamento.
En el inicio de mayo de 1984, a casi dos semanas del cumpleaños de trece años de Morissa, en la época de Rosh Hodesh Iyar, mientras ella y yo estábamos trabajando en la parashá de su Bat- Mitzvá, sucedió el cambio.
Fue un momento tranquilo entre las dos, nada vergonzoso o embarazoso (como recuerdo fue mi propia entrada en la condición de mujer).Conversamos sobre a quien le contaríamos-que parientes, que amigos, quien le contaría a los hombres de nuestra vida- su padre, abuelo, hermano y a mi amado.
Este era un momento que yo estaba esperando para conmemorar con ella, pero toda mi energía creativa estaba canalizada para la Bat- Mitzvá de Morissa. ¿Será que conseguiría extraer fuerza de mí para esta ceremonia ahora, o tendría que esperar un mes más? La respuesta era evidente y emocionante. Cuando, en la luna llena, en el mismo mes del calendario correspondiente a su adolescencia y a su mayoría espiritual, mi hija alcanzó su madurez biológica, yo sentí como si fuese una bendición del Universo. Todos rezamos por la integración, por la unidad; y aquí en su décimo tercer año, cuerpo, espíritu y edad cronológica, todos se reunieron para proclamarla “mujer”. ¿Como nosotros mortales podríamos dejar de cantar loas a la Fuente de este milagro?
Siendo así, invitaciones fueron rápidamente despachadas: queridas amigas, mujeres de mi grupo de mujeres, Havurat Reyim, B´nai Or de Nova York, Consejo y Estudio, y otros que eran parte profunda y antigua de nuestras vidas. Les pedimos a las mujeres que trajeran sus jóvenes hijas – aquellas que todavía no eran biológicamente mujeres- con la esperanza de que tal ceremonia pudiese tornar más fácil el inicio de la condición de mujer para ellas.
Les pedimos a las mujeres que nos encontrasen a las 9y 15 de la noche, en la noche de luna llena, en las márgenes del rio Hudson ,del lado de New Jersey.
Pedí que le trajesen a Morissa algún “woman Torá”: un poema, un ensayo o libro que hubiese sido significativo en sus aprendizajes sobre sí mismas como mujeres.
Las reacciones a nuestra invitación fueron variadas. De algunas personas vinieron alegres aleluias: ya era hora de que algo importante en la vida de una mujer fuese celebrado! De otras tuvimos respuestas indecisas: ¿en un libro parece emocionante, pero en la vida real como será? ¿Qué tipo de ceremonia sería, brujería o judía?
Tal vez, dijeron otras, debiésemos estar orgullosas de nuestra primera menstruación, pero el hecho no exigiría una conmemoración más íntima y personal.
No sé cuanto a su hija dijeron otras, pero yo – o mi hija no querríamos tal ceremonia.
Estos mensajes o dudas penetraron en mí - resquicios de una voz de convencionalismo y miedo ya descartada- y, finalmente, le planteé la cuestión a Morissa.Le dije “Tu aliá a la Torá, tu menstruación, tu décimo tercer aniversario sólo son símbolos. No es de eso que se trata el tornarse mujer. Para mí el puente entre la infancia y la condición de mujer recae sobre la tomada de decisiones y compromisos. Y es mucho más fácil cuando las personas preguntan tu posición, esconderse atrás de la ambivalencia y de la inseguridad, no asumir posiciones o cambiar de opinión. Es difícil -cuando tu sabes que las personas quieren que hagas esto o pienses aquello- tomar una posición opuesta y, entonces mantenerse firme cuando la cosa se complica.
Muchas personas marcan los símbolos exteriores que distinguen el cambio de edad pero pocos realmente aprenden que el cambio implica reconocer quién eres y en determinado momento asumir la responsabilidad de sí mismo”. Le dije a Morissa que no había una respuesta equivocada en la pregunta que le iba a hacer.” Solo es necesario que mires dentro de ti y respondas a partir de tu propia verdad. Sea cual sea tu repuesta le garanticé “es el proceso de tomar una decisión y mantenerse firme que es la celebración de la madurez”. Morissa me respondió de forma muy firme, que tenía toda la intención de que la ceremonia fuese realizada.
La noche llegó – no exactamente como imaginaba- pero de todos modos poderosa. Las nubes de lluvia y los árboles cerrados escondían la luna llena. El cierre del Parque Interestadul Palisades hizo con que cambiáramos del flujo del Río Hudson para una suave cañada. La llegada de autos de la policía, cuidando del vecindario, le dio a la más natural de las ceremonias un aire prohibido y misterioso. Éramos más de una docena de personas en círculo con Morissa y otras jóvenes en el centro; sosteniendo candelabros para compartir con la luna la tarea de iluminar la oscuridad. Cantamos una música del álbum de David Zeller:
Love is the only answer
Love is the only way
Love,love,love
Watch our circle grow
Amor es la única respuesta
Amor es el único camino
Amor, amor, amor
Mira nuestro círculo crecer
Al mirar el rostro de mis queridas amigas, percibí que un mundo de posibilidades de vivir como una mujer estaba representado en aquel círculo: mujeres casadas con hijos, mujeres solteras con hijos, mujeres casadas sin hijos, mujeres solteras con amores, tanto femeninos como masculinos, mujeres solteras sin amores. El trozo de mundo estrecho e intolerante que me fue ofrecida como absoluto cuando comencé a menstruar, así como la luna llena, se llenó de posibilidades para Morissa y las jóvenes de su generación.
¿Pero, será que osamos mostrarles esto a nuestros hijos?
Inicié la ceremonia estableciendo un escenario: “Transformamos lo común en conciencia sagrada a través de una ceremonia. Al extraer un momento de vida de una clausura particular, generalmente rodeado de secreto, miedo, vergüenza y maldición, confrontamos los sentimientos vividos por generaciones dentro de nosotros y los sustituimos con orgullo por las modificaciones milagrosas de nuestros cuerpos. Para muchas de nosotros, que crecimos con mensajes ambivalentes de nuestras madres y abuelas, este mensaje afirmativo no es fácil de ser pasado a nuestras hijas.( Tal vez a través de los siglos, las mujeres europeas hayan oído sobre las atrocidades que fueron cometidas contra sus hermanas en Asia y África cuando comenzaban a menstruar- historias de clitoritomía y vaginas cosidas. Tal vez en una autodefensa justificable las mujeres de Occidente adoptaron el secreto como una necesidad, al llegar la edad biológica. Nosotros no sabemos donde y por qué escondimos este pasaje de vida- que muchas culturas no esconden- e interiorizamos la necesidad del secreto)”.
Finalmente, llegamos a la era en que la mujer se pregunta: ¿que es lo que perdemos con nuestro fracaso en sentir orgullo con los cambios en nuestro cuerpo? ¿Qué es lo que esto revela sobre nuestros sentimientos y sobre nosotras mismas, nuestras hijas y nuestra comunidad de hermanas?
Y llegada la hora de usar una ceremonia para purificarnos de los sentimientos de vergüenza, de falta de conexión de mediocridad. Esta ceremonia de menstruación pide una noche iluminada por la luna: la luna, como el ciclo de una mujer, creciendo y menguando; la luna llena como el óvulo se eyectando del ovario, en su madurez. La luna llena, llegando bien en el medio del ciclo de Morissa, da una sensación de congruencia, de estar en el blanco, de estar en contacto con el Ser Uno Sagrado. Qué absoluta corrección celebrar la plenitud de Morissa con la de la luna y nuestra”tela de mujeres”. Esta ceremonia por sí solo es el microcosmo de lo que significa ser una mujer, hablar un lenguaje especialmente intuitivo con otras mujeres y con el Universo.
Como judíos, nosotros simbólicamente damos la Torá a nuestros hijos con su herencia/ modelo de vida, en sus Bat/ Bar Mitzvá. Siendo así con la menstruación, convoqué las mujeres del círculo para que le transmitiesen a Morissa alguna enseñanza oriunda de sus propios pueblos o de otros. Algunas personas le hablaron a Morissa sobre sí mismas, otras leyeron partes de libros, o poemas o historias. Hablaron de amistad, de gestación y parto; sobre pertenecer a una comunidad; sobre aprender que las amigas mujeres no deben ser dispensadas cuando los hombres aparecen en nuestras vidas. Concluí – con mucho miedo-diciendo que, aunque ella fuese todavía joven para entender mi mensaje, yo le daba la bienvenida para cuando su mente y corazón alcanzasen su cuerpo, y ella sería entonces capaz de vivenciar- como yo lo fui- el enorme placer de vivir en el cuerpo de una mujer.
Las amigas le dieron a Morissa todo tipo de libros, tan distintos cuanto los estilos de vida de las mujeres presentes: A Gift from the Sea de Anne Morrow Lindberg; una antología de mujeres poetisas: Dreaming the Dark de Starhawk; The Little Prince de Saint Exupéry; The Moon is Always Female de Marge Piercy; un libro de cuentos para recordarle a Morissa que la lectura crea compañeros de imaginación infinita; The Women´s Room de Marilyn French.Our Bodies, Ourselves, de Boston Women´s Health Collective; alguns poemas específicos; A Child is Born, la colección fotográfica de Linnart Nielson del desarrollo del embrión/ feto a través de la gestación hasta el parto; y varios libros en blanco esperando ser escritos por la propia Morissa.
Aunque varios libros estuvieran más allá de la comprensión o del interés de Morissa en esa época, están en su estante como un legado a ser explorado cuando esté pronta; como un baúl de tesoros en el sótano.
Así también muchas de las palabras proferidas o leídas para ella iban más allá de lo que ella podría asimilar completamente aquella noche, pero Morissa sabía con seguridad, que había recibido una acogida llena de amor y de esperanza.
De nuestras hermanas indias habíamos oído hablar sobre una ceremonia de menarca –incluyendo tanto hombres como mujeres- en la cual la comunidad se sienta en vigilia durante la noche viendo como el pan de maíz se asa.
La noche anterior a la ceremonia de Morissa, pasamos casi toda la noche despiertas trabajando la masa, conversando y observando la jalá crecer.
Trajimos para la ceremonia los panes que ella amasó, convidando las mujeres para que probasen, y guardasen un pedazo pequeño para el “tashlich” que se seguiría.
Conjuntamente con la luna como símbolo, la ceremonia exigía agua: el agua recordándonos las aguas del parto, que traen nuevos seres; agua de Miriam que endulzaba el agua del desierto transformándola en propia para el consumo.
Si fuese un día más caluroso- un mes del verano-elegido un local en donde pusiésemos usar el agua como una mikvá (baño ritual): no la de la tradición que exige una limpieza, por algo que es impuro sino a partir de una posición de purificación de conciencia.
Nosotros siempre admitimos como normal la bendición extraordinaria que significa el funcionamiento natural de nuestros cuerpos. Al sumergirnos completamente en el agua fría, nos sorprendemos con la conciencia de que lo que nos sucede todo el tiempo es por sí solo un milagro. Al purificar nuestra visión, podemos ver la plenitud, divinidad omnipresente. En vez de mikvá, en esta noche fresca de mayo, usamos nuestras migas de chalá para una ceremonia de “tashlich”.
El “tashlich” (tradicionalmente realizado al tirar migas en cualquier lecho de agua corriente, en el segundo día de Rosh Há Shanah ), no precisa ser entendido como la eliminación de las partes pecaminosas de nuestras vidas, sino que también puede ser un cambio si miramos para estas partes como capaces de dar vida. En este momento de señalización de la transición entre la infancia y la madurez, convidé a todos al círculo para que viesen en sí mismos cuales eran los aspectos que todavía eran infantiles e inmaduros. Así que identificásemos tales partes de nosotros mismos, podríamos simbólicamente proyectarlas sobre las migas de jalá y tirarlas en la cañada, para que las aguas pudiesen transformarlas y nos permitiese guardar nuestro maravilloso aspecto infantil de un modo más disciplinado y maduro. Conforme buscábamos dentro de nosotros mismos y nos alineábamos en la margen de la cañada, (cantábamos nuevamente del disco de David Zeller vía Shlomo Carlebach):
Re-turn Again
Re-turn to the land of your soul
Re-turn to who you are
Re-turn to what you are,
Re-turn to where you are born and reborn again
Vuelve nuevamente
Vuelve a la tierra de tu alma
Vuelve para quien tu eres
Vuelve para lo que tu eres
Vuelve para donde naciste y para donde renaciste nuevamente
Nos reunimos nuevamente en un círculo externo y uno central, haciendo una brachá( bendición) sobre el vino. Tal bendición así como la de la jalá fue recitada en el modo hebreo tradicional, así como ”en femenino” aunque no fuese la gramática correcta) y traducida al inglés “midrashico”.
B´ruchá At, Há Shechiná, Makoret Há Chaim, Borait Pri Há Gefen
Bendita seas Tu, Shechiná, Fuente de Toda la Vida, que haces las frutas de la vid dulces para nuestro paladar en el color familiar de nuestra sangre donadora de vida.
Entonces en la plenitud de la noche, recitamos dos bendiciones que generalmente hacen parte del servicio matinal: Baruch Atá Adonai, Eloiheinu Melech Shehasani b´tzelem Elohim.
Bendito seas Tu, ó Eterno Nuestro Dios, Madre y Padre de todos nosotros, que me hiciste a tu imagen, como Adán de A-dama en la creación, con los lados masculino y femenino mezclados.
Baruch Atá, Adonai Elohêinu, Melech Háolam, Shehasani Isha.
Bendito seas Tu, Ó Eterno Nuestro Dios, Madre y Padre de todos nosotros, que me crió predominantemente y alegremente mujer.
Entonces, al convidar a Morissa para salir del círculo central, en donde ella se encontraba con otras cuatro muchachas, y juntarse a nosotros en nuestro círculo de mujeres cantamos:
Baruch Atá Adonai, Eloheinu Melech Haolam Shecheianu, Vekimanu. Vehiguianu
La Zman Hazé.
Bendito deas Tu, Ó Eterno Nuestro Dios, Madre y Padre de todos nosotros, que nos trajiste con gran alegría hasta este momento de cambio en la vida de Morissa, y en la vida de todas nosotros, reunidos en esta celebración.
Al terminar, cantamos nuevamente la canción de Zeller
Love is the only answer
Love is the only way
Love, love, love
Watch our circle grow
Amor es la única respuesta
Amor es el único camino
Amor, amor, amor
Mira nuestro círculo crecer
Al aprender a amarnos, inclusive todos los aspectos maravillosos de nuestros cuerpos, el amor fluye naturalmente para nuestros hijos e hijas, amigos y amados/as, nuestras madres y nuestros padres, nuestra comunidad, y aquellos a quienes todavía consideramos extraños.
NOTA DEL EDITOR. Repetidamente otros y yo hemos dicho, que la entrada de las mujeres como integralmente iguales en la vida judía puede significar que ella no se adecuen a la Torá tal cual, pero esa misma Torá cambia y crece.
Repetidamente las personas me pedían explicaciones más específicas. Este artículo describe uno de esos aspectos. Pero todavía el modo como Philys Berman usa la mikvá y el tashlich de nuevas maneras sugiere que, escondido en el corazón de la Torá, puede existir una Bella Durmiente profeminista, esperando para ser despierta por sus tataranietas. ¿Sería este el modo por el cual Rebeca, Raquel y Miriam, estas mujeres del bien, practicaban la mikvá y el tashlich?
Y más todavía será que este abordaje (y las de las mujeres y hombres que han continuado a ser miembros de javurot de hombres y mujeres y que al mismo tiempo se reúnen apenas la mujeres para celebrar el Rosh Chodesh) sugiere un modelo para solucionar la tensión entre la necesidad de las mujeres de encontrarse entre sus pares para explorar como criar un nuevo judaísmo y la necesidad de que un nuevo judaísmo sea creado por hombres y mujeres conjuntamente?- AW
Artículo publicado en la Revista MENORAH; SPARKS OF JEWISH RENEWAL 1985.
Phillys Berman es directora del Centro de Enseñanza Adulta de River Nueva York y es miembro de la B´nai Or y de la Javurá Reyim, en Teane , Nueva Jersey. El editor es Arthur Waskow.
topo