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Healing una palabra judía

Healing es un concepto judío evocado con intensidad en la oración de Moisés, El na refana la, que él entona para su hermana Miriam, cuando se enferma de lepra. Refana, de la raíz refuá, significa literalmente "curar"; Moisés ruega, "Dios, por favor, cúrala ", porque él sabe que la cura viene de Dios. Si la cura es un evento milagroso que rogamos alcanzar, healing es lo que nosotros, como seres espirituales, podemos traer para el proceso de restablecimiento.

Hace más de una década visité a un hombre con leucemia. Al entrar en su habitación, le pregunté reflexivamente “¿como está usted?"- y lo lamenté inmediatamente. Sin embargo, su respuesta me reveló que mi pregunta no era tan frívola como yo imaginaba. El me explicó que, aunque la cura no era posible, jamás se había sentido tan “curado”, tan vivo, a pesar de su terrible estado.

Ese sentimiento de integración puede ser comprendido como un estado de plenitud, lo que llamamos shlemut. Como sugiere Arthur Green en su ensayo “Restaurando el Aleph”, nosotros podemos obtener insights hacia dentro de este estado buscando expandir los límites de lo sagrado para encontrar el Uno manifiesto en todas partes, para comprender que cada uno de nosotros no es apenas un ser caprichosamente separado, sino una centella singular de esa única luz divina. Es encontrando em cada uno esas centellas y reuniendo su luz que descubrimos y articulamos la verdad más profunda a respecto de este mundo en que vivimos. Esa verdad comprende que, en última instancia, solo existe un Ser, presente en cada uno de nosotros, deseoso por conocer su propia fuente y por reunir la singularidad de cada ser a la singularidad de la Fuente de donde todos venimos y para donde todos retornamos.

Si realmente nosotros somos parte de “un Ser” como lo decimos cada día en la oración Aleinu (“ein od” no hay otro), entonces el concepto de healing gana un significado adicional. En este contexto, healing no es apenas la tentativa de arreglar algo que está roto, sino el constante esfuerzo del espíritu para nos traer de vuelta a la unidad original. La manera judía de caminar por la vida (halachá) es un camino en dirección a ese healing. Tikun Olam, la reparación del mundo, es un macrocosmos del tikun atzmi, la reparación del “yo interno.” La tradición judía nos ofrece orientación sobre cómo traer equilibrio para el proceso de healing interior y exterior a través de tres diferentes caminos: el bíblico, el místico y el litúrgico. Cada uno de ellos agrega algo único a la lucha terrena por alcanzar la redención.

En el camino bíblico, verificamos ese equilibrio entre el healing interior y el exterior a través de la analogía de las historias de nuestro pueblo. Cada héroe bíblico no es solo un ejemplo para cada judío, sino que es fácilmente identificable como un ser humano, caracterizado por fallas y derrotas, un héroe luchando por una transformación humana. Y cada una de esas luchas internas personales espeja la documentada lucha de la nación judía.

Jacob, cuyo nombre significa “torcido” lucha con el ángel antes de encontrarse con su hermano Esau. Jacob sabe que engañó a su hermano y no se olvidó de su propia deshonestidad en los veinte años que estuvo lejos. Pero, al decidirse a encarar Esau, Jacob cruza el río metafórico y se transforma en Israel, que quiere decir “recto” (yashar); él abandona su cautiverio y así rescata a si mismo y a su relación con su hermano.

Implícito en la lucha por la redención está la lucha por la libertad; en un sentido personal, no podemos liberar lo mejor en nosotros si fallamos en liberarnos de nuestra propia bajeza. Jacob, nuestro alter ego en el modelo bíblico, tiene miedo de encontrar su hermano, pero sabe que tiene que llegar a esta encrucijada por un motivo, y por eso se liberta de su temor. La historia implica una visión optimista de que no estamos condenados a repetir las mismas historias constantemente, sino que tenemos el poder de cambiar nuestra visión personal del mundo y nuestras circunstancias.

Podemos transformarnos en los redactores de nuestras propias vidas y redimir lo mejor en nosotros, el centro divino, que transciende nuestra pequeñez mundana. Podemos convertirnos en instrumentos de redención y así realizar nuestra transformación personal.

La Cabala ofrece un modelo místico dentro del Judaísmo en dirección a la redención y la transcendencia. Cabala, que significa “recibir” en hebreo, es una ventana para lo desconocido, un camino de estudio y observación para comprender nuestra relación con el universo. A través de sus distintas escuelas, la Cabala ha sido utilizada como un medio de navegación por los muchos misterios de la creación de Dios, y las posibilidades de cambio de nuestra relación dentro de este mar divino.

Para el místico, según Ben Zion Bosker en La Tradición Mística Judía, la existencia empírica parece fragmentada, atormentada por incontables conflictos y contradicciones entre individuos y grupos; las cosas materiales son los valores en que tiende a concentrarse. El místico es un espíritu sensible que se rebela contra esta orientación en la vida …su objetivo no es conseguir conocimiento conceptual o encontrar la confirmación de la existencia de una realidad superior… en lugar de eso, el místico busca… abrazar las vibraciones de esta realidad superior, que pulsa a través de la existencia. El propósito del místico es establecer devekut, una unión con, o como los místicos judíos prefieren definir, penetrar Dios.

La comprensión mística de la realidad reside el los intersticios de nuestras vidas, elevando nuestra consciencia para más allá del nivel de pschat, la simple comprensión de la realidad, y aún más allá del drash, la comprensión interpretativa de la realidad, hasta sod, el misterio. La psicología moderna, por ejemplo, reside en el dominio del drash, ya que utiliza una metodología racionalista en la percepción de nuestras emociones para conseguir cambios. Pero la jornada del ego – el acá y ahora, realidad inmediata- nos es importante para el abordaje cabalista. Somos mucho más que nuestra propia historia. Vida y muerte no se definen por la biología apenas.

En cambio, identificarnos como criaturas divinas que somos parte de la Creación divina nos permitirá abrir camino hacia Dios. Como una parte del todo, afectamos el universo. Nos asociamos a Dios cuando trabajamos para reparar el mundo.

El camino del místico es el camino de lo desconocido. “Saber” siempre es crear una realidad virtual de racionalización que permite un falso sentido de control y crea una barrera entre las personas y las experiencias reales de vida. No saber significa enfocar la realidad con mente y corazón abiertos. No saber significa perder control. Cuando como seres humanos, estamos profundamente desesperados y no sabemos como continuar, el proceso de healing del misterio de la vida nos permite de alguna manera continuar.

El modelo litúrgico para el healing fue explorado por Samson Raphael Hirsch en su libro, Horeb: La Filosofía de las Leyes y Tradiciones Judías, donde utiliza la palabra “moadim” para describir la tradición de las fiestas judías. Mo-ed es comunmente definido como festival, pero Hirsch busca significados anteriores de la palabra- desde sus primeras raíces como un modo de referirse a aquellos sitios en el desierto donde se establecía el Tabernáculo, hasta su significado posterior como local designado para una asamblea con objetivo especifico. Como explica Hirsch, la palabra “moadim” puede, simultáneamente, incorporar un tiempo sagrado e un sitio sagrado, permitiéndonos ver nuestro pasaje por la periodicidad de los Días Sagrados del calendario como una jornada por las cámaras del tiempo.

Cuando nos encontramos en esas cámaras, somos llamados para un lugar fuera de nuestra agenda normal, donde lo mundano para y donde nos dedicamos a actividades espirituales. Hirsch observa que moadim “interrumpe las actividades normales de nuestra vida y da a nuestro espíritu poder y concentración en el futuro, redefiniendo aquellas ideas que constituyen la base de la vida judía.”

Mientras viajamos con ellos, los moadim producen healing. Con una invitación anual, entramos en la tienda de Pesaj, donde somos invitados a examinar la relevancia individual y las polaridades de la esclavitud y libertad, opresión y redención, maror(amargo) y haroset (dulce), hametz (levadura) y matzá (ácimo). Moviéndonos con el calendario entramos en la próxima tienda, Shavuot, donde somos invitados a examinar el Sinaí y la revelación, y a participar del casamiento de Dios con el pueblo de Dios (con la Torá como ketubá). Sucot es la tienda que nos muestra la fragilidad de nuestras posesiones. De Chanucá a Purim, somos invitados a revivir y solucionar antisemitismo y victoria, conquista y parodiar a nosotros mismos, cenizas y luz. De diecisiete de Tammuz hasta Nueve de Av, estamos invitados a la tienda para experimentar nuevamente el ayuno y los recuerdos, el dolor y la reconstrucción a partir de la destrucción.

La órbita de los moadim son ciclos de healing, y las tiendas son los puestos de entrada al proceso de healing. Otra órbita encuentra la tienda aterrisando en Rosh Ha Shaná y Iom Kipur, cuando estamos invitados a perdonar, a arrepentirnos y a encontrarnos personalmente con Dios. Esta órbita termina sellando nuestro destino y, quizá una invitación para entrar en otra órbita de tiendas en el tiempo, otra oportunidad para alcanzar la unidad y de curar las diferencias dentro de nuestras comunidades.

Esos son los caminos que la tradición judía nos brinda para que nos curemos, sin importar si el origen de nuestra necesidad de healing está en una ruptura interna, interpersonal o comunitaria. Es aquí que la verdadera reparación del mundo comienza- en el círculo interno desde la posición de testigo hasta la devastación producida por la ruptura, amor y generosidad se transforman en compromiso para actuar. Healing no es un concepto filosófico abstracto. Healing es el esfuerzo constante para mantener el equilibrio. Es el esfuerzo del padre o la madre que tiene que trabajar y se debate con la mejor manera de cuidar a sus hijos. Es el esfuerzo de un ser humano que no quiere ser tragado por la vida corporativa, que sabe que es equivocado vivir solamente para trabajar. Es el esfuerzo de la persona que, en un momento de su evolución, se da cuenta de sus errores pasados y de la necesidad de repararlos. Es la búsqueda de amor y la necesidad de tocar y ser tocado en el océano actual de individualismo y supremacía del ego. Es el momento de la decisión antes del cambio, cuando el cambio debe realizarse.

por Marcelo R. Bronstein, 1999.

 

 

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