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Cuando cosas malas les suceden a buenas personas |
El sufrimiento no tiene sentido a menos que tu decidas de forma diferente
Por Harold Kushner
El siguiente artículo, extraído del best seller de Kushner, es una respuesta al sufrimiento, en el que se concluye que Dios no es la causa inmediata de la tragedia.
Debemos observar, no en tanto, que esta es la solución teológica de este pensador en particular y, de hecho, es probablemente contraria a la teología formal, que supone que el sufrimiento es inflingido al pueblo judío por causa de sus pecados. Este texto fue reimpreso, con el consentimiento del autor, a partir del libro When bad things happen to Good People, publicado por Schoken Books.
El sufrimiento no es un castigo de un Dios cruel.
Yo creo en Dios. Pero no creo en las mismas cosas sobre El en las cuales creía años atrás, mientras crecía, o cuando fui un estudiante de teología. Reconozco Sus limitaciones, El es limitado en el alcance de Sus acciones por las leyes de la naturaleza y por la evolución de la naturaleza humana y la libertad moral humana.
Yo no responsabilizo más a Dios por las enfermedades, accidentes y desastres naturales, porque percibo que pierdo mucho y gano poco cuando culpo a Dios por estas cosas. Consigo reverenciar más fácilmente un Dios que odia el sufrimiento pero no puede eliminarlo, que un Dios que elige hacer que niños sufran y mueran, sea cual sea el motivo superior.
Hace algunos años, cuando la teología de la muerte de Dios estaba de moda, me acuerdo de haber visto un adhesivo en donde estaba escrito “Mi Dios no está muerto, siento mucho por el suyo”.
Creo que en mi adhesivo se leería “Mi Dios no es cruel, siento mucho por el suyo”.
Dios no causa nuestros infortunios. Algunos de ellos son causados por la mala suerte, otros son causados por malas personas, y otros son simplemente una consecuencia inevitable de que somos humanos y mortales, viviendo en un mundo de leyes naturales inexorables.
Las cosas dolorosas que nos pasan no son castigos por nuestro mal comportamiento, ni son, de algún modo, parte de algún gran proyecto de Dios. Porque la tragedia no es voluntad de Dios, no precisamos sentirnos molestos con Dios, ni traicionados por El, cuando la tragedia nos afecta.
Podemos dirigirnos a El para que nos ayude a superarla, exactamente porque podemos convencernos de que El se siente tan ultrajado por ella cuanto nosotros.
Una noción de significado hace el dolor más soportable.
“¿Eso quiere decir que mi dolor no tiene sentido?” Este es el desafío más expresivo que puede ser alzado por el punto de vista que he defendido en este libro. Podríamos soportar cualquier dolor si supiésemos que existe un motivo atrás de ello, un propósito para el mismo.
Pero hasta un fardo más leve se torna más pesado si sentimos que no tiene sentido.
En un hospital de veteranos, los pacientes que fueron seriamente heridos en combate tienen una facilidad mayor para adaptarse a sus heridas que pacientes con exactamente la misma herida, pero que tenga sido causada cuando se divertían en un campo de fútbol o en una piscina, porque los primeros pueden creer que su sufrimiento por lo menos fue por una buena causa. Padres que se convencen de que existe algún propósito a ser alcanzado por la limitación de sus hijos, pueden aceptar más fácilmente el problema, por el mismo motivo.
¿Se acuerdan de la historia bíblica sobre Moisés, en el capítulo 32 del Éxodo, de como tiró las tablas de los Diez mandamientos rompiéndolas cuando bajó del Monte Sinaí y vio los Israelitas venerando el Becerro de Oro?
Existe una leyenda judía que nos cuenta que, mientras Moisés bajaba la montaña con las tablas de piedra en las cuales Dios había escrito los Diez Mandamientos, no tuvo problemas para cargarlas, aunque fuesen placas de piedras anchas y espesas, y siendo la bajada escarpada.
A pesar de pesadas, habían sido escritas por Dios y eran valiosas para Moisés.
Pero cuando Moisés encontró al pueblo danzando alrededor del becerro de oro, la leyenda dice que las palabras desparecieron de las Tablas. Se transformaron nuevamente en piedras negras. Y se tornaron muy pesadas como para que el pudiese cargarlas.
Podríamos soportar cualquier fardo si supiéramos que existe un sentido en lo que hacemos.
¿Habré tornado más difícil para las personas aceptaren sus enfermedades, sus infortunios, sus tragedias familiares al decirles que éstas no son cosas enviadas por Dios, como un plano maestro de El?
Permítanme sugerirles que las cosas malas que pasan en nuestras vidas no tienen sentido cuando nos pasan. Ellas no pasan por algún buen motivo que nos haría aceptarlas de buen grado. Pero podemos darles un significado. Al conferirles un significado a estas tragedias, podemos redimirlas de la insensatez.
Mirar hacia el futuro redime nuestras tragedias.
¿La pregunta que deberíamos estar formulando no es: Por qué esto pasó conmigo, que hice para merecer esto?”
Esta es, en verdad, una pregunta sin respuesta.
Una pregunta mejor sería: ¿Ahora que me pasó esto, que voy hacer al respecto?
Martin Gray, un sobreviviente del Gueto de Varsovia y del Holocausto, escribió un libro sobre su vida llamado “For those I Loved” (Para aquellos que amé). En el libro, cuenta como después del Holocausto reconstruyó su vida, se transformó en un hombre de suceso, se casó y crió una familia.
La vida parecía buena después de los horrores del campo de concentración.
Entonces, cierto día, su mujer e hijos murieron cuando un incendio forestal destruyó su casa en el sur de Francia. Gray quedó destrozado, al borde de la locura, con esta nueva tragedia.
Las personas lo exhortaban a exigir una investigación para determinar las causas de la tragedia, pero en vez de eso, optó por dedicar sus recursos para un movimiento de protección a la naturaleza contra futuros incendios.
Explicó que una investigación se concentraría en el pasado y en cuestiones de dolor, tristeza y culpa. El quería concentrarse en el futuro.
Una investigación lo colocaría contra otras personas – ¿será que alguien fue negligente? ¿De quién es la culpa? - y ponerse contra otras personas, dedicarse a encontrar un villano, solo lo dejaría más solitario.
La vida, concluyó, tiene que ser vivida para alguna cosa, no en contra de alguna cosa.
Nosotros también precisamos superar las cuestiones que se concentran en el pasado y en el dolor-“¿por qué eso me pasó a mi?_ y en vez de eso, precisamos hacer la pregunta que nos abre las puertas del futuro: “¿Ahora que me pasó esto a mí, que voy hacer al respecto?”
Rabi Harold S. Kushner es rabino perteneciente al Templo Israel en Natick, Massachusetts. Es autor de varios libros incluyendo Living a Life that Matters (Viviendo una vida significativa)
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