Depoimento do Madrich argentino Guido Espector
Acá llegamos bárbaro y el viaje estuvo bien con unos 25 minutitos de retraso. En casa me esperaba la familia, comimos unas empandas y una pizza y después, todos alrededor de la televisión comenzamos a ver las fotos del viaje! Sin embargo la sensación de estar devuelta siempre es bastante rara. La cabeza estaba bastante impregnada de imágenes recientes, imágenes de despedida, de palabras recibidas, de rostros que expresaban alegría, pena, agradecimiento. Una vez más, otra misión cumplida en esta vida. Y de sensaciones de satisfacción experimentadas en la vida, ninguna se compara con la sensación que genera el agradecimiento del otro. Nada se compara con lo maravilloso de saber que no vas a ser olvidado por muchas personas, porque eso es lo que a uno lo hace existir, estar presente en otros, estar como ejemplo de otros y la responsabilidad que eso implica! Debe haber pocas cosas especiales como experimentar el placer de ser parte de la hadrajá. El trabajar, el debatir, el pensar lo mejor, lo distinto, aquello que haga pensar, todo esto confluyendo con un único destino, los janijim, a quienes le legamos todo ese tiempo de esfuerzo; a quienes hicieron posible el majané de la shalom. Janijim, desde el mas chico hasta el mas grande, que por sus formas de ser hacen que el agradecimiento de los madrijim sea mayor que el esperado. Los janijim de la shalom son muy especiales; siempre con una predisposición al juego, al juego sano, siempre con ganas de recibir aquello que sus madrijim prepararon para ellos y exprimirlo hasta sacarle todo el jugo. Otra característica muy especial de estos janijim es la fraternidad que expresan. Es admirable ver cómo interactúan janijim de diferentes edades entre ellos, siendo esto impredecible a mis ojos, que presuponían observar a los janijim de cada kvutzá con los chicos de cada kvutzá o al menos con los de la kvutzá siguiente. Este es un hecho del que personalmente disfruté mucho al observarlo.
Pisar La Shalom la primer mañana de tefilá a la que concurrimos me hizo afirmar las sospechas que podía llegar a tener. Sí, estaba en casa. La demostración de afecto de la gente que conforma la comunidad, me hacía sentir más que un invitado. Me hacía sentir miembro; me hacía sentir que estaba conociendo por primera vez a unos hermanos que todavía no había tenido el gusto de conocer, y de ser así en otras comunidades del mundo, entender cuántos hermanos todavía me quedan por conocer. El saludo de la gente, transmitido con un afecto como si uno se conociese de siempre, tras haber pasado a la brajá en la lectura de la torá, la invitación de Liliana Arcuschin a su Brit Torá, Don Guido peleándose con Esther para ver quién nos llevaba a pasar el día a Hebraica, el reconocimiento de la gente por nuestras palabras en Shabat, son pequeños ejemplos que dan cuenta de cómo uno puede sentirse en la Shalom, haciendo así honor al nombre que lleva esta magnífica comunidad que tan bien organizada está con proyectos dignos de ser admirados, en verdad para ponerse en pie para aplaudirlos, ya sea la maratón que reúne a 1500 personas, judíos y no judíos, grandes y chicos, es esperado por todos que acontezca con el fin de brindar los fondos a OAT, la cual tiene como misión incluir a personas que padecen de deficiencias mentales en la sociedad a través de un trabajo profesional, produciendo entre otros, velas, papel reciclado, agendas. Sin dejar de mencionar la audioteca, que tiene como fin educativo y cultural, brindar sus servicios a todos quienes necesiten o quieran disfrutar de alguna obra literaria grabada en cassete o cd. Lo más hermoso de la audioteca es cómo nace la misma. Quienes sientan interés de saberlo, como a esta altura de saber más acerca de esta comunidad, que se contacten y se enteren: www.shalom.org.br.
A una cosa que le doy mucha importancia es a cómo me despido del lugar en donde estuve. Y creo que una despedida como la que nos brindó el Rabino Adrián Gottfried junto a su familia, fue claramente una despedida por la puerta grande. Y eso que el sushi no me gustaba! Así que volvimos a casa como se debe: con el estómago fuerte. Suena como refrán, pero es algo que inventé
Me tocó cumplir la misión de ir a Sao Paulo para difundir todo mi bagaje, todo lo que soy, toda mi formación aprendida en mi tierra. Desde mi tierra, ahora me toca difundir todo este movimiento de sensaciones que me generó Brasil, Sao Paulo, La Shalom, una pequeña y cálida comunidad a la que el día de mañana voy a estar mas que contento de regresar y conocer su nueva casa.
Expresando con el corazón,
Guido